Camillo Berneri
La Iglesia y la prostitución [es]

He aquí un tema que requiere un amplio desarrollo si nos propusiéramos examinar cuánto y cómo la influencia del catolicismo ha contribuido a la injusticia social y al moralismo hipócrita, que son los dos principales factores de la prostitución.

Pero el asunto que me propongo tratar es mucho más limitado: examinaré solamente la actitud de la Iglesia frente al fenómeno doloroso de la mujer que vende su propio cuerpo.

I. — LA SEVERIDAD BÍBLICA Y LA INDULGENCIA DE CRISTO

Grande es el contraste existente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento por lo que a la prostitución se refiere. Esta fue severamente prohibida por las prescripciones mosaicas (Levítico, XIX, 29; Deuteronomio, XXIII, 17), y el dinero proveniente de semejante acto no podía admitirse como ofrenda a los sacerdotes (Deuteronomio, XXIII, 17). Pero durante la dominación romana y bajo la influencia de las costumbres griegas, la prostitución llegó a ser entre los hebreos cosa corriente y casi legal.

El episodio de María de Magdala, la cortesana devota que fue absuelta por Jesús de Nazaret, a quien siguió hasta el calvario, y que, como recompensa, pudo ver su resurrección, es en extremo significativo. Demuestra diáfanamente la indulgencia de los primeros cristianos hacia estas mujeres, puesto que entre ellos abundaban las meretrices que se distinguían por su fanatismo. La hagiografía cristiana es rica en nombres de cortesanas que abandonaron su vida azarosa para entregarse a la penitencia; algunas de ellas incluso fueron proclamadas santas.

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